Le gustaría escucharse hablar en otra voz, con otras palabras, le gustaría ser dueña de otras manos, otras piernas, otra espalda.
Le gustaría no tener pensamientos desordenados, ni opiniones, ni quejas.
Pero sobre todo lo que más le gustaría es no tener estos ojos que lloran, que vigilan.
Sin ellos, dice, su vida sería más tranquila.
Acaso los sueños
puedan teñir de azul
los días.