martes, marzo 31, 2009

Estas últimas semanas he intentado exorcizar todas las tristezas escribiendo febrilmente en este blog, en otros blogs compartidos, he tratado de apartar a manotazos los fantasmas que diariamente me vienen acechando.
“Ni un paso en falso”, me ha permitido explorar mis laberintos, màs allà de lo que nunca hubiera imaginado, he comprobado que somos polvo y somos tierra y somos sangre y sobre todo somos palabras que regalamos al viento.
Creo en el valor de la palabra, en su fuerza, sè que junto a ella, la esperanza no morirà de sed, creo en los poetas que esparcen sus puñaditos de magia y creo en el ser humano, en aquellos seres cotidianos, que se esfuerzan por el pan, el amor y el abrigo, esos seres no leen poesía, hacen poesía, quiero estar con ellos, quiero una poesía en carne viva.
Esto es lo que me ha llevado a tomar la decisión de cerrar mi blog. Mi deseo es recuperar la coherencia, conseguir que el “decir” y el “hacer” vayan de la mano. Es todo lo que hoy pido a la vida.
Gracias a todas las personas que me han acompañado, que han leído con paciencia mis escritos, que han comentado con tanto afecto mis post. Gracias de corazón. Un abrazo, Silvia Delgado Fuentes.

Definiciòn de poesìa, segùn Silvia Delgado Fuentes

Cada poeta busca su propia definición de poesía y una vez encontrada la apuntala para construir sobre ella graneros o palacios.

Aquellos hombres y mujeres que creen que la poesía debe ser más granero que palacio, aquellos de nosotros que creemos que debe ser sostén inequívoco de pechos y no de calaveras, para nosotros, la poesía debe mantenerse sucia siempre, debe tener el rostro cicatrizado por el tiempo y el trabajo, debe mantenerse firme, con el puño apretado, en alto.
La poesía para nosotros tiene la obligación inexcusable de morirse de frío en los portales, debe ser corriente, sencilla como una modista, vulgar, como una puta, debe ser como un obrero bostezando camino de la fábrica, debe agarrarse a las farolas para observar el paso de los borrachos, debe escuchar los aullidos de los perros apedreados, debe carecer de pan y de abrigo, debe trepar las paredes de las cárceles, reptar por las trincheras, correr bajo las balas, debe acompañar a los enfermos, llevar sobre los hombros todos los partos y todos los cadáveres.
La poesía en nosotros resucita una y otra vez con la piel hecha jirones, con las tetas resecas, con dentelladas en los pómulos, en la espalda, en la vagina y se muere cada rato de plomo, de hambre, de desidia.
Nuestra poesía aspira profundo mientras se arranca los huesos, uno a uno, para señalar a los ahorcados, a los huidos, a los espantados, a los excluidos, a los expulsados.
No necesita salir a preguntar si los han visto.

Tiene entre sus manos palabras que no titubean, palabras que tiritan como niños golpeados, palabras que se muerden los labios, palabras malolientes, inconvenientes, palabras arrancadas de cuajo a la sombra de las torturas, palabras que clavan uñas, que arrancan mordazas, que cantan a pleno pulmón, en alto, en vano.

Pese a todo nuestra poesía tiene el vientre lleno de semillas y sueña con repartirlas.


Bilbao 29 de junio 2007
Silvia Delgado Fuentes.