
Dice que esto puede ser cierto, que la obediencia, la estúpida lealtad a unas creencias, a una ideología, a un mesìas, ha llevado a cometer las mayores atrocidades pero también es cierto que es el miedo lo que nos arrodilla y nos convierte en animales mansos. El miedo individual o el colectivo, el miedo patológico a perder el amor, el miedo a que se rompan las cadenas, el miedo a que se caigan de una vez por todas las mordazas. El miedo con sus múltiples disfraces es lo que nos convierte después de domesticados en bestias en jauría.
Pon miedo en tus venas
y te acariciaràn el lomo
antes de la pelea.